Nunca te fíes de alguien que lleva tatuado en el brazo ‘Perro rabioso’

“Para distinguir a la gente que puede salvarte la vida de la que te la puede arruinar”, dice la socióloga Martha Beck, “debes ser honesto contigo mismo”.

“Ayer vino a verme una chica de 21 años porque estaba deprimida”, escribe el médico y escritor Anthony Daniels. “Se había tomado una sobredosis de antidepresivos y había llamado a una ambulancia”.

“Mi paciente”, prosigue, “ya había tenido tres hijos con tres hombres diferentes, algo en absoluto inusual en mi centro [un hospital de un “desagradable vecindario” de Londres] y casi diría que en todo el país. El padre de su primer hijo la maltrataba, así que lo abandonó; el segundo se mató en un accidente de tráfico mientras conducía un coche robado; el tercero […] la había echado de su apartamento porque, un mes antes de que diera a luz, se había dado cuenta de que no quería seguir viviendo con ella”.

La chica estaba justificadamente deprimida. No tenía dónde ir. “No podía regresar con su madre, porque se llevaba mal con el padrastro […]. Su padre, no hace falta decirlo, había desaparecido nada más nacer ella”.

El problema es que, siendo “una joven que no quería estar sola” y con tres niños, “atraería al tipo de hombres que buscan mujeres vulnerables y explotables. Más que probablemente, alguno de ellos (porque habría muchos más) maltrataría o violaría a una hija suya”. Igual que ella había sido víctima de los novios de su madre, sus hijos lo serían de los suyos. “Las condiciones para la perpetuación del mal estaban dadas”.

¿Cómo romper este círculo? Daniels admite que su paciente es en parte víctima de una madre que daba más importancia a sus relaciones sexuales que al bienestar de su familia, pero se niega a exonerarla por completo. Se había emparejado conscientemente con individuos de los que nada bueno cabía esperar y, cuando él le propuso (“como hago con cientos de chicas en circunstancias similares”) que la próxima vez que pensara en salir con alguien se lo trajera antes para que le echara un vistazo, ella se rio.

¿Por qué? Daniels no planteaba ningún disparate. No es difícil identificar a los tipos conflictivos. “Llevan el mal escrito en la piel, a menudo literalmente en forma de tatuajes que dicen: Jódete o Perro rabioso”. La primera elección podía atribuirse a la mala suerte, pero la segunda parecía negligencia, y había habido una tercera (que, según Daniels, no sería además la última).

“Para distinguir a la gente que puede salvarte la vida de la que te la puede arruinar”, dice la socióloga Martha Beck, “debes ser honesto contigo mismo”, y lo somos mucho menos de lo que creemos. Cuando nos sentimos atraídos por alguien, minimizamos y justificamos sus defectos. Es como si tuviéramos mal calibrada lo que Beck llama la “máquina de confiar”.

En ocasiones, el problema es de fábrica. Como los gansos, estamos troquelados para seguir ciegamente al primero que vemos al romper el cascarón. “La existencia sería breve, increíblemente difícil e insoportablemente aterradora para un niño que […] sospechara de los adultos que le dicen: ‘Bébete esto, es bueno para ti”.

Por desgracia, no todos los progenitores merecen la fe ilimitada que depositamos en ellos. “Algunos ofrecen a sus hijos, voluntaria o (más a menudo) accidentalmente, brebajes poco saludables, desde agua contaminada a whisky. Otros les infunden, por maldad o (más a menudo) por ignorancia, miedo o prejuicios”. Cualquiera que se críe en un entorno semejante acaba asignando la condición de recomendables a sujetos que no lo son en absoluto. Como las pacientes de Daniels, tienen la máquina de confiar mal calibrada y están condenadas a arrojarse en brazos de indeseables.

Pero incluso quienes hemos disfrutado de una infancia dichosa debemos poner a punto de vez en cuando el software con el que juzgamos a quienes nos rodean. Beck propone un sencillo test de credibilidad.

  1. ¿Es la persona X siempre puntual?
  2. Cuando la persona X dice que algo va a suceder, ¿termina sucediendo?
  3. Si oye a la persona X relatar un acontecimiento y obtiene luego información adicional, ¿coincide generalmente esta con la descripción de X?
  4. ¿Ha visto a la persona X mentir a alguien?
  5. ¿Omite la persona X datos para ahorrarse conflictos?
  6. ¿Ha visto a la persona X hacer algo (engañar, ser desagradable) que censura cuando lo hace un tercero?

Son preguntas triviales, pero demoledoramente reveladoras. Cualquiera que falle en dos o más no es completamente de fiar. “Y si dependes de alguien que falla en todas”, dice Beck, “debes efectuar algunos ajustes. No se trata de cambiar a la persona X (no se puede). Se trata de revisar a fondo tus patrones de confianza”.

Nuestra felicidad depende del acierto con que seleccionamos a quienes nos han de acompañar en el viaje de la vida y, del mismo modo que el alacrán no dejará nunca de picar a la rana, “debes reconocer lo que en el fondo de tu corazón ya conoces”: que el amigo que no te ha apoyado hasta ahora seguramente no lo haga en el futuro y que un camorrista que lleva tatuado en el brazo Perro rabioso no va a ser el marido ideal.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s