El placer del ahora

No ser capaz de dejar de pensar es una calamidad terrible, pero no nos damos cuenta de ello.

“He vivido con varios maestros Zen, y todos eran gatos”, escribe Eckhart Tolle. “Incluso los patos me han enseñado importantes lecciones espirituales. Solo observarlos es una meditación. Cómo flotan tranquilamente, en paz consigo mismos, centrados en el aquí y ahora, dignos y perfectos. Ocasionalmente se enzarzan en una pelea, [pero] dura unos segundos. Después se alejan en direcciones opuestas, aletean vigorosamente y continúan nadando plácidamente como si nada hubiera ocurrido”.

Las personas, por el contrario, no olvidamos. Guardamos cuidadosamente las ofensas, las incubamos, dejamos que echen raíces y crezcan. ¿Para qué? No está claro. Nuestra mente es la herramienta más poderosa que ha desarrollado la naturaleza. La zarpa del tigre es un arma terrible, pero ni siquiera puede comparársele. Además, el tigre la usa para cazar. El resto del tiempo la mantiene replegada.

Nuestra mente no descansa. Está diseñada para ejecutar tareas específicas de análisis y planificación y, cuando estas se acaban, deberíamos devolverla a la caja, pero nos gusta exhibirla como un pistolón, apuntar aquí y allá. Tolle calcula que el 90% de su actividad es repetitivo e inútil. Consiste en una constante proyección hacia el pasado o hacia el porvenir, que adopta generalmente la forma de remordimiento (“Si no hubiera hecho tal cosa”) o de anticipación ansiosa (“Cuando me libre de esto voy a ser feliz”). Y llega un momento en que este martilleo nos revienta los nervios. Entonces cogemos la escopeta de caza, apoyamos la culata en el suelo, apuntamos al pecho y apretamos el gatillo.

“No ser capaz de dejar de pensar es una calamidad terrible, pero no nos damos cuenta de ello”, se lamenta Tolle. Y explica que el viaje de la vida tiene un propósito externo y otro interno. El externo consiste en alcanzar alguna meta material: un chalet en Sotogrande, la presidencia de una caja, una estruendosa ovación. Pero si los pasos que debemos dar en el futuro se vuelven más importantes que el paso que estamos dando ahora, entonces perdemos completamente el propósito interno de la vida, que no tiene nada que ver con dónde vamos sino con cómo vamos. Disfrutar del paso presente es lo que determina la calidad de la existencia. El propósito externo quizás se alcance, quizás no. Depende de miles de factores que no controlamos. Pero nadie nos puede arrebatar el placer del paso que estamos dando ahora mismo. De este instante. De este artículo.

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