¿No nos estaremos divirtiendo más de la cuenta?

Los líderes se forjaban antes en los parlamentos. Ahora salen directamente de los platós.

Primero diseñamos las herramientas y luego las herramientas nos rediseñan, recuerda en The Atlantic Megan Garber. El telégrafo facilitó la transmisión instantánea de informaciones, pero también obligó a comprimirlas en síntesis que sacrificaban el rigor. “Por culpa del telégrafo”, escribió en 1985 el sociólogo Neil Postman, “los titulares (sensacionales, fragmentarios, impersonales) se convirtieron en el elemento definitorio de los medios estadounidenses”. Los diarios no competían con la calidad de sus contenidos, sino mediante su talento para entretener.

Esta hibridación entre periodismo y diversión prosiguió con la radio (acuérdense de Orson Welles y su tramposa presentación de La guerra de los mundos) y, sobre todo, con la televisión, un entorno hostil a todo lo feo y aburrido, incluida la propia verdad. Postman creía que aquel equilibrio artificial entre realidad y ficción no podía durar, que tarde o temprano se rompería en favor de la segunda y, el mismo año en que publicaba sus teorías, se estrenó Regreso al futuro, donde hay una escena muy ilustrativa: cuando Doc Brown somete a Marty McFly a un improvisado interrogatorio para comprobar que es efectivamente un viajero del tiempo.

—Muy bien, chico del futuro —le pregunta—, dime entonces quién es el presidente de Estados Unidos en 1985.

—Ronald Reagan —responde McFly.

—¿Ronald Reagan? —exclama Doc poniendo los ojos como platos—. ¿El actor? ¿Y quién es el vicepresidente? ¿Jerry Lewis?

Para un científico de los 50 suena efectivamente disparatado, pero si lo piensan un poco no hay nada más lógico. Hacer famoso a un candidato exige tiempo y dinero, y es mucho más rápido y barato hacer directamente candidato a un famoso.

Los líderes se forjaban antes en los parlamentos. Ahora salen de los platós. Pablo Iglesias labró su reputación en La Tuerka y Donald Trump en El Aprendiz. Lo de menos es la consistencia intelectual. Trump no ganó ni uno de sus enfrentamientos con Hillary Clinton, pero arrojaba religiosamente la ración de carnaza a sus seguidores en Twitter y, cuando alguien le comentó si no pensaba prescindir de su jefe de prensa, Sean Spicer, que tan mal se lleva con los grandes rotativos del país, replicó: “Ni hablar. Ese tipo me consigue grandes ratings”.

¿Qué más da perder los debates si eres trending topic y todos los telediarios se pelean para abrir con tu última ocurrencia? Es verdad que corres el riesgo de que el público no te tome en serio, pero ¿se toma en serio al resto de los candidatos? Es difícil distinguir al Rajoy verdadero de la caricatura que han creado de él en El Intermedio. ¿Y no se preguntaron ustedes nunca si el Rubalcaba que comparecía los viernes tras el consejo de ministros no sería en realidad José Mota imitando a Rubalcaba?

La política ha concluido la metamorfosis que empezó con el telégrafo. Estados Unidos ya tiene de presidente a un cómico, y ni siquiera es Jerry Lewis. Como Garber se pregunta en The Atlantic, ¿no nos estaremos divirtiendo más de la cuenta?

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