La bastantidad

Una de las cosas que te enseña la vida es que lo suficientemente bueno es por lo general suficientemente bueno.

La capacidad de elegir es una conquista muy reciente de la civilización. Mansa Musa, el rey africano del siglo XIV que los economistas consideran el hombre más rico de la historia (su fortuna quintuplicaba la de Bill Gates), “nunca comió pan con tomate ni chocolate ni hamburguesas”, escribe el catedrático de la Universidad de Columbia Xavier Sala i Martín. Tampoco podía tomarse una aspirina cuando le dolía la cabeza, ni encender la luz pulsando un interruptor, ni tirar de la cadena después de usar el váter. Todas estas trivialidades están al alcance de cualquier ciudadano de la OCDE, pero muchos años después de iniciada la Revolución industrial, Henry Ford todavía decía a sus clientes: “Pueden solicitar el color que prefieran, con tal de que sea el negro”.

Hoy el más modesto supermercado de barrio dispone de un surtido mareante. El psicólogo Barry Schwartz ha contado en el suyo 285 clases de galletas dulces, 230 de sopa, 16 purés de patata instantáneos, 120 salsas para pasta, 175 aderezos para ensalada y 275 cereales.

En principio, esto está bien. “Ir de tiendas es divertido, la democracia es mejor que la dictadura y una nevera atiborrada de helados es lo más parecido al Cielo que hay en la Tierra”, escribe en The Atlantic Derek Thompson. Pero no está claro que tanta variedad nos haga más felices. Optar consume energía, nos estresa y puede llegar a bloquearnos: cuando a la gente le ofreces solo seis mermeladas compra más que cuando le ofreces 24, como expone en esta charla de TED la profesora Sheena Iyengar. No sé si los directivos de Tesco conocen el vídeo, pero en 2015 dieron instrucciones de reducir un tercio las referencias de sus tiendas y a los clientes debió de encantarles, porque un año después las ventas se habían disparado.

El segundo inconveniente de escoger es que comporta una renuncia y siembra el germen de la duda: ¿y si me he equivocado? A mí me sucede constantemente con las películas. Disfruto más cuando es otro el que decide lo que vamos a ver: mi mujer, un cuñado, Antena 3… En caso de que sea un bodrio, me limito a aburrirme y no me siento además culpable. La irresponsabilidad tiene su encanto y les confieso que a veces me sorprendo pensando con nostalgia en la mili, donde te daban todo hecho y, para vivir en paz, únicamente debías conformarte a la realidad, en lugar de conformar la realidad pieza a pieza, como si fuera una estantería de Ikea.

Nos han educado en el precepto de que conviene obrar con cabeza: estudiar las alternativas disponibles y sopesarlas antes de inclinarnos por una, pero esa estrategia era viable en un mundo con 12 variedades de galletas dulces, no con 285. No podemos analizarlo todo, porque ni tenemos tiempo ni tampoco es tanta la utilidad que nos resta una elección desafortunada de mermelada, de película o incluso de empleo.

Schwartz lo comprobó en 2006. Realizó un seguimiento de 548 licenciados a los que previamente había dividido en dos grupos: los maximizadores, que buscan siempre lo mejor de lo mejor, y los satisfactores, que se conforman con que las cosas estén razonablemente bien. Los primeros lograron, efectivamente, trabajos mejor pagados, pero los segundos estaban más contentos.

Algo que se aprende con la edad es que “lo suficientemente bueno es por lo general suficientemente bueno”, concluye Schwartz. Rafael Santandreu traduce esta idea como bastantidad. Consiste en darse cuenta de que, en el fondo, no necesitamos tanto para ser felices. No nos volvamos locos.

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6 Respuestas a “La bastantidad

  1. Total acuerdo con lo que transmites, no es más feliz el que tiene más. Es feliz el que valora lo que tiene. Gracias por tu blog, aporta cosas desconocidas para casi todos, siempre interesantes.

  2. Para ser un buen satisfactor sólo hace falta que el maximizador no sea tu cuñado y que tu suegra no sepa del hijo de su amiga que empezó cuando tú y mira, mira…

  3. Ya me dirás, el primer coche que tuve lo compré en la SEAT. Fuí a tiro hecho, eligiendo entre cuatro modelos. Hoy, llevo tres meses buscando y no encuentro el de mi gusto, entre cientos de marcas y miles de modelos.

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