El increíble hombre de goma

“Estas son mis líneas rojas”, advierte Iglesias. “Si no le gustan, tengo otras”.

Hay un vídeo de la prehistoria de Podemos en el que Pablo Iglesias se declara “emocionado” tras escuchar una soflama de Hugo Chávez y confiesa que la revolución bolivariana le da “envidia” porque es “una de las democracias más consolidadas del mundo”. Para septiembre de 2014, cuando Miguel Ángel Belloso y yo lo entrevistamos en Actualidad Económica, esta pasión se había apagado notablemente. A un venezolano que lo abordó con cara de pocos amigos en la redacción le explicó con su afabilidad habitual (Iglesias es habitualmente afable) que lo que hacía Nicolás Maduro no siempre le gustaba.

Todavía defendía, sin embargo, algunas de las medidas estrella que lo habían convertido en un icono del 15M, como la renta universal, la auditoría ciudadana de la deuda, la semana laboral de 35 horas o la jubilación a los 60 años.

Dos años después de su violento choque con la realidad (y con Ana Pastor), este fervor máximo también se ha entibiado. La renta universal se ha quedado en una mejora de la prestación básica y la auditoría de la deuda se mantiene, pero ya no es ciudadana, sino “en sede parlamentaria”. La semana de 35 horas y la jubilación a los 60 han volado.

Iglesias no es economista (como me confesó tras la entrevista) y, en un momento dado, pidió ayuda a Juan Torres. Esta figura de la izquierda altermundialista le preparó un texto titulado Un proyecto económico para la gente y él mismo lo presentó con gran aparato, pero no debió de convencerle porque, a pesar de su altermundialismo, este catedrático sostiene que para repartir la renta hay que generarla antes, una menudencia para la que en estos instantes de urgencia planetaria no tiene tiempo. Así que ha arrojado a Torres al basurero de la historia y ha pasado página.

¿Qué hará si llega al poder? Es difícil saberlo. El artículo publicado ayer en El País revela que sus referencias intelectuales son amplias, generosas: en un extremo cabe Georges Danton, en el otro Isaiah Berlin, y no se estorban. Es una combinación extraña, de la que puede salir cualquier engendro. Danton votó a favor de la decapitación de Luis XVI, abogó por la concesión de poderes dictatoriales al Comité de Salud Pública y (cito de la Wikipedia) “tuvo una participación conspicua en la creación del Tribunal Revolucionario que […] se convertiría en el instrumento del Terror institucionalizado”.

En cuanto a Berlin, Iglesias hablaba en El País del “sentido de la realidad”, una conferencia de 1953 en la que el historiador de las ideas efectúa un alegato contra la ingeniería social y el voluntarismo político. “Lo que entendemos”, decía Berlin, “es que hay demasiadas cosas que no sabemos […] y que nuestros deseos y los medios a nuestra disposición pueden no ser lo bastante eficaces” para cambiar las cosas. Esta humildad es todo lo contrario de lo que preconiza la marca de Iglesias: Podemos.

El artículo de El País abordaba también su “programa de rescate social”, una de las pocas banderas que no ha dejado de agitar desde sus inicios. Aquí mi reproche no es de inconsistencia con lo dicho, sino de inconsistencia con los hechos. En Madrid, la izquierda radical ha erigido la malnutrición infantil en un tema estrella de la campaña. Manuela Carmena denunció que esta lacra afectaba a miles de niños y ofreció 5.500 plazas en el Plan de Comedores Escolares, pero apenas se cubrió un 11%. La reacción de su equipo fue culpar a las cifras que les habían proporcionado “distintas ONG”. Esto es muy marxista: la teoría va siempre por delante y, si la realidad la desmiente, peor para la realidad. Primero se afirma que Madrid es “la capital del hambre”, porque así lo determina el materialismo dialéctico, y luego se corrobora. Y si faltan datos, como la propia Carmena tuvo que admitir nada más llegar al Ayuntamiento, ordenas un informe. Como ironizaría Julio Camba, se está buscando un problema para la solución.

La desfachatez con que los podemitas exageran o se contradicen en su búsqueda del poder es tan burda que casi me da vergüenza escribir este post denunciándola. El viernes, Iglesias se ofreció como vicepresidente tras haber afirmado tajantemente que “no estaría dispuesto a formar parte de un Gobierno que no presidiera”. ¿De qué no será capaz de abjurar este hombre con tal de consumar su asalto al cielo? Durante la rueda de prensa solo le faltó advertir a Sánchez: “Estas son mis líneas rojas. Si no le gustan, tengo otras”.

¿Cómo no se dan cuenta sus votantes? ¿De qué energía misteriosa se alimenta Podemos? En gran medida, de rabia. El sociólogo José Antonio Yáñez explica que “el electorado del PSOE está compuesto básicamente por beneficiarios o demandantes del estado de bienestar”, mientras que el de Iglesias recibe “dos aportes” principales: “la generación bloqueada [de] entre 18 y 35 años, con elevados niveles de instrucción pero que no encuentra el camino para hacerse un hueco en la sociedad”, y las “personas de 45 y más años que han perdido su empleo o han visto muy dañadas sus condiciones de trabajo o de vida”.

Si echan cuentas, en España tenemos 3,1 millones de parados de larga duración y otros tres millones de jóvenes con contrato precario. Total: seis millones largos. ¿Y cuántos votos recibió la izquierda de la izquierda? Podemos algo más de cinco millones y Unidad Popular 900.000. Los números no encajan con precisión matemática, pero apoyan razonablemente la tesis de que el voto radical tiene un innegable trasunto social.

Ahora bien, aunque la indignación ante la injusticia sea un argumento legítimo, no infunde la clarividencia necesaria para combatirla, como se ha visto en Grecia. Allí, Tsipras logró que la incipiente recuperación que la economía apuntaba se transformara en una recesión profunda, causó el desabastecimiento de artículos básicos y, tras montar un referéndum para que sus compatriotas y rechazaran “el ultimátum de los acreedores” en el nombre de la “dignidad”, volvió de Bruselas con un rescate aún más duro.

Así y todo, me dirán, era una exigencia de higiene pública desalojar a Rajoy y “acabar con las prácticas del pasado”, y puedo estar de acuerdo, pero es discutible que el socio que Iglesias ha elegido para su empresa regeneradora sea el más cualificado. Aunque el PP ha sufrido una intensa campaña de descrédito, si uno suma las cantidades defraudadas, el liderazgo en materia de corrupción corresponde al PSOE, como indica este reportaje de Esperanza Balaguer. Entre los casos ERE y Edu, suman 3.200 millones de euros. En el PP, juntando Gürtel, Bárcenas, Púnica y las black, se quedan en 415.

Soy consciente de que el escenario que han inaugurado las últimas elecciones va a exigir intensas negociaciones, en las que los políticos deberán tragarse sus promesas y manejar con extrema cautela locuciones como nunca o por encima de mi cadáver. Pero hasta ahora, incluso al trasluz de los dirigentes más pragmáticos, se podía distinguir una armazón común. Esa armazón es, de hecho, la que ha permitido a Iglesias identificarlos como casta. Él carece, por el contrario, de ese esqueleto. Se presenta como el increíble hombre de goma, capaz de adoptar la forma que el pueblo decida en cada momento: bolivariano, altermundialista, socialdemócrata… Da igual. Como sus héroes jacobinos, piensa que la democracia consiste en la dictadura de la mayoría.

Anuncios

Una respuesta a “El increíble hombre de goma

  1. Nuestros políticos no han negociado, en serio, nunca desde la transición, y sí o sí, van a tener que aprender de todas, todas. En mi opinión, Iglesias negocia entre su modelo utópico de sociedad, y la cruda realidad. Algo es algo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s