La frágil masculinidad

¿Sobrevivirá el matrimonio de Cate Blanchett a su óscar por Blue Jasmine?

Una maldición de Hollywood sostiene que las mujeres que obtienen el óscar a la intérprete principal se divorcian (o son engañadas) poco después. La Wikipedia dice que es “una superstición”, pero a renglón seguido da una impresionante relación de damnificadas, que arranca en 1935 con Claudette Colbert e incluye a Bette Davis, Ginger Rogers, Joan Fontaine, Julie Andrews o Barbra Streissand.

El fenómeno se ha intensificado últimamente. De las 20 agraciadas con la estatuilla entre 1991 y 2010, nada menos que 14 han acabado separándose. “No creo en el mal de ojo”, escribe en Forbeswoman Jeffrey A. Landers, un analista que se presenta a sí mismo como experto en estrategias financieras para divorcios. “Pero reconozco que resulta intrigante”.

El asunto saltó al ámbito académico en 2010, cuando Sandra Bullock recibió el óscar por Un sueño posible y, prácticamente a renglón seguido, rompió con Jesse James (“Es el mejor hombre que he conocido”, había dicho de él unas semanas antes de sorprenderlo con una modelo de tatuajes). Como cuenta Landers, un grupo de investigadores de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh y de la escuela de negocios Rotman de Toronto decidió hacer números para ver si el asunto tenía algún fundamento. El estudio examinó la ejecutoria sentimental de 751 nominados a las categorías de mejor actor y mejor actriz principal entre 1936 y 2010 y concluyó que, en el caso de las mujeres, la obtención del óscar aumentaba un 63% las probabilidades de divorciarse. La duración mediana del matrimonio de una ganadora es, además, muy inferior a la de una finalista: 4,3 años frente a 9,1.

La maldición no afecta, sin embargo, a los varones. El matrimonio de los actores galardonados es prácticamente igual de longevo (unos 12 años) que el de los aspirantes.

¿A qué se debe esta diferencia? Aquí entramos en el terreno de la especulación, pero Tiziana Casciaro, profesora de Rotman y una de las autoras de la investigación, cree que las sociedades occidentales “han asignado históricamente roles de superior poder y estatus a los hombres” y cuando esta tradición se vulnera (porque, por ejemplo, la esposa ingresa más) la relación sufre. “Parece que ni siquiera las estrellas de Hollywood en el apogeo de sus carreras son inmunes a la violación de estas normas sociales”, dice Casciaro.

Landers también menciona en su columna de Forbeswoman otro estudio de Christin Munsch, socióloga de la Universidad de Cornell, realizado sobre una muestra mucho más amplia de población y que revela que ganar menos que la pareja es un buen predictor de infidelidad entre los varones. Según Munsch, es el modo de compensar el menoscabo que supone para su masculinidad no ser quien trae el pan a casa. Nada como una buena conquista sexual para sentirse hombre otra vez…

Si todo esto resultara cierto, ¿cuáles serían las probabilidades de que sobreviva el matrimonio de Cate Blanchett, óscar por Blue Jasmine? Una ojeada a la Wikipedia revela una fuerte descompensación. Su pareja, Andrew Upton, es un modesto guionista, cuya biografía apenas ocupa dos folios impresos, frente a los 13 de Blanchett.

Pero es verdad que Upton ha tenido la astucia de reconducir su carrera y montar una productora de películas en las que dirige a su mujer. ¿Le bastará para calmar su masculinidad herida?

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