El rebote que viene

La crisis ha quedado atrás. El debate ahora es cómo va a ser la recuperación.

Mi cuñada llamó hace unas semanas para anunciarnos que su hijo había encontrado al fin trabajo. Llevaba en paro desde que la Junta de Castilla-La Mancha interrumpió las obras del nuevo hospital de Toledo, creo que a finales de 2011. Va a dar clases de inglés en una academia. No le pagarán lo mismo que antes, pero es un empleo.

“Se nota que la gente consume más”, me dice Fernando Fernández, economista de IE Business School. “Este verano he pasado una semana en Asturias y, aunque no es lo mismo que en 2007, había más movimiento”.

Idéntica impresión me trasladó la dependienta de un Mercadona de la costa a finales de agosto. Hacía tiempo que no veía a tanta gente en el supermercado, “pero”, precisó de inmediato, “no es lo mismo que antes”.

Esa ha sido la canción del verano: la cosa va mejor, pero no es lo mismo que antes. “La recesión terminó con el segundo trimestre”, afirma José Antonio Herce, socio de AFI Analistas Financieros. “Hemos tocado fondo y cabe esperar que crezcamos en la segunda mitad de este año”.

“La larga crisis está a punto de concluir”, coincide Rafael Pampillón, director del Área de Economía de IE.

“Estamos consiguiendo estabilizar la economía”, añaden desde el Servicio de Estudios de la Caixa.

Incluso el más pesimista de los expertos, José Carlos Díez, profesor de Icade Business School, admite en su blog que “el PIB ha dejado de caer” y que “estamos mejor que hace tres meses”. Pero también se manifiesta perplejo por la euforia. Y no es el único.

“Una o dos décimas de crecimiento no van a resolver los problemas que tenemos planteados”, dice el investigador de Fedea José Ignacio Conde-Ruiz.

“No es el tipo de recuperación que necesita un país con un paro del 26%”, observa Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research.

 “Estadísticamente ha acabado el ajuste o está a punto de acabar, es un hecho, lo dice el INE [Instituto Nacional de Estadística] y es estupendo”, ironiza Javier Díaz-Giménez, profesor del IESE. “Pero me temo que todo sigue pendiente”.

Fernando Fernández resume lapidariamente el estado de la cuestión. “La recesión ha quedado atrás”, dice. “El debate ahora es cómo va a ser la recuperación”.

Dónde estamos… Una de las dificultades para evaluar la situación es la heterogeneidad de los datos. Los hay para todos los gustos: buenos (exportaciones, inversión en bienes de equipo), malos (venta de viviendas, crédito) y mediopensionistas (empleo, prima de riesgo), y cada uno puede hacer la selección que más conviene a su discurso. “¿Qué hago yo para aclararme?”, dice Díaz-Giménez. “Voy, por ejemplo, al índice Fedea, que es una síntesis de siete variables [PIB, sentimiento económico, matriculaciones, ventas minoristas, consumo eléctrico, producción industrial y afiliaciones a la Seguridad Social] y ofrece una panorámica general. Y lo que se ve ahí es que la recuperación se inició en noviembre de 2012”.

Otro modo de evaluar dónde estamos es recurrir a la metáfora del trasatlántico. La economía es un barco que dispone de cuatro motores: el gasto público, el consumo de los hogares, la inversión y el sector exterior. La suma de estos componentes nos da la velocidad de crucero y un examen inicial no resulta muy tranquilizador: los tres primeros propulsores no solo no aportan crecimiento, sino que siguen restándolo.

Pero si analizamos con más en detalle la evolución de cada uno de esos motores, obtenemos un panorama más halagüeño. El ritmo de ajuste del gasto público se ha reducido notablemente, el consumo de los hogares dejó de caer en el segundo trimestre y la inversión en bienes de equipo lleva un semestre creciendo (aunque la inversión total siga lastrada por la construcción).

La Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) recopila los 100 principales indicadores de la economía española y, en general, salvo los relacionados con el negocio inmobiliario, todos se han dado la vuelta y algunos han entrado ya en terreno positivo, como el comercio minorista, las matriculaciones, las pernoctaciones o los afiliados a la Seguridad Social del sector servicios. Incluso el crédito a las empresas empieza a dar señales de vida, aunque el de las familias siga en caída libre.

“Lo que veíamos hasta el año pasado era un ajuste puro y duro”, dice Ángel Laborda, director del Gabinete de Coyuntura de Funcas. “Salvo las exportaciones, todo retrocedía. Ahora el escenario es distinto. Hay elementos de la demanda interna que están creciendo”.

“A lo que asistimos es al patrón tradicional de recuperación”, dice Cardoso. “Primero reacciona el sector exterior, luego, como consecuencia de la moderación salarial, se produce un aumento de los excedentes brutos de explotación [beneficios] y, finalmente, estas reservas permiten que la inversión en maquinaria y equipos arranque en cuanto las expectativas mejoran”.

…Y adónde vamos. Ni en Funcas ni en AFI creen que este proceso vaya a interrumpirse. “No vemos obstáculos inmediatos que induzcan a pensar que la recuperación no sea sostenible”, dice Laborda.

“Los indicadores de julio y agosto no han sido malos y nos reafirman en nuestro optimismo”, añade Herce.

Pero a nadie se le oculta que existen riesgos. “La situación macroeconómica de España es aún muy frágil”, escribía el economista jefe de la Caixa Jordi Gual en el Informe Mensual de octubre.

El más receloso es José Carlos Díaz. “Las exportaciones también progresaban en 2009, y el doble que ahora”, afirmaba hace unas semanas en la Cadena SER.

Hay abundantes motivos para la inquietud: dependemos de un entorno internacional en el que han ido formándose nubarrones, la concesión de crédito cae a tasas de dos dígitos, le debemos una barbaridad al resto del mundo y la crisis del euro podría recrudecerse. Como repite a menudo Díaz, “Grecia está sin resolver”, y no le falta razón.

Repasemos esta lista de atrás adelante. “Grecia está fatal”, admiten en la Caixa, “pero supone una proporción mínima del PIB europeo”.

“Ya”, les digo, “pero en 2009 Grecia también suponía una proporción mínima del PIB europeo y se armó una estupenda”.

“Sin duda”, me responden, “pero entonces la Unión carecía de instrumentos para atajar y aislar el problema. Ahora tenemos el programa de compra de bonos del BCE y el Mecanismo Europeo de Estabilidad [un fondo de rescate], la coordinación presupuestaria es mayor, hay un proyecto de unión bancaria…”

“Se han ido levantando cortafuegos”, abunda Cardoso. “La UE no es lo que era hace cuatro años”.

“En la medida en que el resto de los países en dificultades progresen, y eso es lo que está sucediendo, podemos estar tranquilos”, rematan en la Caixa.

Segundo riesgo: la deuda. Es enorme, pero por primera vez desde 1997, el país “genera capacidad de financiación”, lo que en la terminología del Banco de España significa que no necesitamos pedir prestado al resto del mundo para funcionar. Al contrario. La balanza por cuenta corriente cerró en junio con un superávit acumulado de 2.487 millones de euros.

Tercer problema: el crédito ni está ni se le espera, “pero lo normal es que vaya al rebufo del crecimiento”, señalan en la Caixa.

“Primero las empresas invierten sus recursos propios”, explica Cardoso, “y solo cuando han tocado fondo los colaterales [es decir, las garantías que respaldan los préstamos, como la vivienda, el suelo o las acciones], aparece el crédito como factor acelerante de la recuperación”.

“Antes que el crédito, tiene que volver la confianza”, coincide Herce, “y eso depende de que en bodas, bautizos y comuniones la gente empiece a comentar que ha encontrado trabajo. Si la reforma laboral lograra que se crease empleo con un crecimiento del PIB del 1%, la confianza volvería y, con ella, la financiación bancaria”.

¿Y qué pasa con el entorno internacional? Es verdad que en el primer semestre la evolución de nuestros socios ha sido “peor que la esperada a finales de 2012”, admite el informe Situación España que elabora BBVA Research, pero todavía es compatible con “un crecimiento robusto de las ventas españolas al exterior”.

“A mí no me preocupa el PIB de 2014”, dice Fernando Fernández. “Es más, lo normal es que crezcamos por encima de lo previsto”, y me hace la siguiente regla de tres: “Este año la economía ha caído el 1,5% porque la demanda interna le ha restado cuatro puntos, pero el año que viene detraerá solo dos puntos, así que basta con que las exportaciones vayan la mitad de bien para que el PIB aumente el 1%. Y yo creo que las exportaciones van a ir mejor que eso, como corresponde a la fase del ciclo… El rebote lo veo más claro que el agua: en 2014 creceremos un mínimo del 1,5%. Ahora”, advierte a renglón seguido, “para que recuperemos tasas del 2% de forma recurrente queda mucho”.

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2 Respuestas a “El rebote que viene

  1. A ver si es cierto que salimos de esta puñetera recesión,porque yo ya llevo un año en el paro.
    De todos modos, que nadie crea que las cosas volverán a ser igual que antes, los grandes empresarios han probado el sabor de la sangre (ERE´s,bajadas de salario,aumentos de jornada,anulación de convenios,etc.), y ya se sabe lo que ocurre con los tigres cuando prueban la carne humana…
    Quieren más.

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