La sana estupidez

Hacer tonterías de cuando en cuando es práctico, racional, incluso inteligente.

Supongo que no les habrá pasado inadvertido que la gente hace a veces tonterías. Por ejemplo, hace unos años me metí en la tienda de un indio en Tenerife y le arranqué por 35 euros un altavoz que no debe de costar ni 20. “¿Es que no piensas las cosas?”, me dijo mi mujer. Por lo visto, no siempre. No tengo tiempo. La vida se ha vuelto muy complicada. Cada mañana te esperan en el despacho docenas de periódicos y cientos de emails. Además están las revistas, los teletipos, las webs que he agregado a favoritos, los blogs… Se supone que esa avalancha de información te ayuda a tomar decisiones, pero se te va la mitad de la jornada sólo en gestionarla. La otra mitad estás reunido.

Luego quieres comprarte unos vaqueros y te pasa lo que el sociólogo Barry Schwartz cuenta en Más es menos. “¿Cómo le gustan?”, dice el dependiente. “¿Ceñidos, holgados, acampanados, rectos, de tiro bajo, a la cintura, negros, desteñidos, lavados a la piedra, envejecidos al ácido, rotos, con botones, de cremallera?” Y hablamos de ropa informal, ésa que te pones para no pensar en qué te pones. Con la comida es peor. Schwartz ha contado en el supermercado de su barrio 285 variedades de galletas dulces, 230 clases de sopa, 16 purés de patata instantáneos, 120 salsas para pasta, 175 aderezos para ensalada, 275 cereales…

Finalmente, intentas relajarte viendo la tele. Pones una cadena, no te convence, piensas: “A ver qué hay en la otra” y, cuando quieres darte cuenta, son las tantas. Sólo pretendes hacer las cosas bien: analizas las opciones disponibles y las comparas antes de decidirte. Pero el zapping era una estrategia viable en un mundo con cinco canales, no con 100.

La abundancia nos desborda, nos llena de ansiedad. ¿Cómo manejarla? En un extremo está el neurótico que se pasa el día cambiando en El Corte Inglés el mismo jersey, pero en un tono distinto; en el otro, el que se apunta a una secta para que le digan lo que tiene que hacer desde que se levanta hasta que se acuesta. Entre medias estamos el resto. No hemos renunciado a elegir, pero elegir bien siempre no es realista y a veces nos dejamos llevar por la moda, por los amigos, por la configuración por defecto que viene de fábrica. Inevitablemente nos equivocamos y hacemos tonterías, pero hacer tonterías de cuando en cuando es práctico, racional, incluso inteligente.

Publicado originalmente en La Gaceta de los Negocios

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