La leyenda de la indomable

 Un intento de evaluación, más o menos objetivo, de Esperanza Aguirre.

La izquierda ha invertido un esfuerzo ingente en convencer a los españoles de que Esperanza Aguirre representa a la derecha más rancia y, si por rancia se entiende que no le gusta que se dé la píldora del día después a las niñas de 13 años o que se excarcele al secuestrador de Ortega Lara, entonces sí, Aguirre es rancia.

Pero más que sus convicciones personales, me interesa analizar su gestión como presidenta, y ahí la obsesión de Aguirre ha sido hacer de Madrid un entorno hospitalario para la empresa, en una región abierta a todos. A Trinidad Jiménez, cuando aspiraba a la alcaldesa, se le ocurrió que había que buscarle a Madrid un alma, una personalidad, a imagen del hecho diferencial de Barcelona. La reacción de Aguirre fue lanzar una campaña con el lema: “Si vienes a Madrid, ya eres de Madrid”. Siempre creyó que la característica de Madrid era que no tenía característica, y le encantaba esa condición de ciudad desalmada y canalla, que se lía con cualquiera sin preguntarle de dónde sale, ni siquiera si habla español: basta con que se haga entender.

Esta convicción de que el tesoro de un país es el talento de sus habitantes, no el talante de sus gobernantes, la llevó a convertir Madrid en “un laboratorio de políticas liberales”, como dice El País. Ha impulsado privatizaciones, ha externalizado servicios públicos, ha dado todo tipo de facilidades para que los comercios se instalen y abran las horas que les dé la gana, ha rebajado el tramo autonómico del impuesto sobre la renta, ha suprimido el de donaciones…

A esta pasión convicta y confesa por la libertad se le han hecho dos reproches principales: por un lado, su autoritarismo y su desprecio de la opinión ajena; por otro, sus consecuencias irreparables en el bienestar de los madrileños (“ha desmantelado un sistema sanitario y educativo que funcionaba muy bien”).

El desprecio de la opinión ajena lo desmiente su intachable hoja de servicios electoral. Nadie que viva de espaldas a la opinión pública gana una votación detrás de otra. El pobre Tomás Gómez no ha podido recibir con mayor alivio la retirada de Aguirre. Es obvio que la presidenta no sentía simpatía por los sindicatos ni los autodenominados movimientos ciudadanos, pero su respaldo popular ha sido abrumador y creciente.

En cuanto a las consecuencias irreparables de su política, hay que decir que un presidente autonómico tiene una capacidad limitada para mejorar la economía (aunque, como hemos comprobado, puede empeorarla mucho). Pese a todo, un modo objetivo de evaluar su desempeño es cómo gestiona los recursos que se le confían y, en ese terreno, Madrid presenta la deuda más baja de todas las regiones: el 7,9% del PIB, frente al 14,2% de media nacional o el escandaloso 22% de Cataluña.

BBVA Research elabora un mapa de indicadores de riesgos de las comunidades y, en su última edición, la madrileña y la vasca son las que mejor paradas salen, gracias entre otras razones a que están mejor administradas, tienen mayor libertad económica y son más productivas. Los autores del informe escriben que Madrid cuenta hoy “con una mejor posición de largo plazo”, lo que facilitará “la recuperación de su economía cuando ésta comience a producirse”.

El servicio de estudios de BBVA también ha comparado el comportamiento de la región en la crisis de los 90, cuando la lideresa aún no había tenido tiempo de arramblar con las conquistas sociales, y durante la actual recesión, y el efecto es muy llamativo. Como se aprecia en los gráficos de la página 19 del informe, tanto la actividad de Madrid como su tasa de paro estaban antes estrechamente vinculadas a la marcha del país. Ahora no sólo el PIB de Madrid evoluciona mejor, sino que destruye menos empleo. “Los resultados […] indican que el mercado laboral podría estar resultando más flexible”, dicen los expertos.

De modo que la Comunidad de Madrid está menos endeudada, crece más y tiene un paro inferior a la media española (seis puntos porcentuales), y todo ello pagando menos impuestos. ¿En qué consiste la pesadilla neoliberal? “Bueno”, dice la izquierda, “ésa es solo una cara de la moneda. La otra es que la aversión ideológica de Aguirre a lo público está pasando factura a la sanidad y la educación”.

En estos dos ámbitos Aguirre ha sido efectivamente muy activa, ensayando fórmulas imaginativas de gestión hospitalaria e introduciendo pruebas externas en los colegios para incentivar el esfuerzo. ¿Con qué resultado?

Con respecto de la salud hay que decir que Madrid es la segunda autonomía que menos gasta en sanidad, como denuncian constantemente los sindicatos del sector, pero ello no ha causado deterioro alguno en los indicadores clave que publica el Sistema Nacional de Salud. La esperanza de vida al nacer ha crecido hasta 83,3 años (la de España es de 81,8), la mortalidad prematura por cáncer ha caído y es casi 10 puntos inferior a la media, la prevalencia de diabetes es de 5,3 casos por 100 habitantes, frente a los 5,9 nacionales…

En educación, el patrón se repite: “Aunque el nivel de gasto por estudiante es inferior”, escribe BBVA Research, “se obtienen buenos resultados académicos”. Es verdad que la formación de los padres de la región es también superior a la del resto del país y que, cuando se corrige este factor, el rendimiento “no se sitúa lejos de la media”. Pero en ningún caso se da la degradación que con tanta saña denuncia la izquierda.

Circulan numerosas leyendas sobre Aguirre, y ése es un éxito indudable de sus rivales, que tienen convencido a medio país de que es una déspota sin entrañas y de que por donde pasa no vuelve a crecer la hierba. Todos pudimos ver, sin embargo, cómo se emocionaba durante su despedida: de indomable, nada. Y tampoco es verdad que haya sido una administradora incompetente: al contrario.

Pero vivimos en la sociedad del espectáculo y hay que reconocer a la izquierda que, aunque es incapaz de ganar batallas, se las pinta sola para contarlas.

Publicado en Actualidad Económica, en octubre de 2012

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